De pesca y más mandangas.
Don …, me habla usted de los pescadores.
Yo ayudé al naturalista Mariano de la Paz Graélls en su construcción del Laboratorio Ictiogénico de la Granja. En él, durante el mes de Noviembre se fecundaron 25.000 huevos de trucha común, e importamos muchas a Europa.
Sé que a usted le interesará más la pesca marítima, y de ella también me preocupé. No está bien que venga yo aquí haciendo ostentaciones; pero en Asturias recordarán que fui yo la que hizo que Gijón ostentase la capitanía marítima.
En mis tiempos, Madrid estaba minada de pozos negros y fétidas cloacas. Eso podía ser propio del Londres de Dickens, pero nunca de la capital donde vive la reina. Por ello hice construir el Canal de Isabel II.
Ello dio trabajo a 2000 personas, sin contar con los 1.500 presos que allí cumplían su condena. Yo presencié su primera fuente con surtidor en la calle San Bernardo. Fue una gran hazaña, debido al cólera, las fiebres, temporales y riadas que hubo durante su construcción.
Hay tantas cosas para contar… tantas anécdotas. A usted que es poeta, le gustará leer un himno que me hizo José Mor de Fuentes.
HIMNO
Suenan albricias
Con mil delicias,
El Tiempo llega
Que soberano
De la soñada
Y desalmada
Fuerza prescinde,
Y con su mano
El mando entrega
Y el cetro rinde
A la jurada
Reina y señora
Que entusiasmada
De confín a confín la España adora.
Maldad sañuda
Que guerra cruda
Al ínclito dechado
De peregrinas prendas,
Al objeto endiosado
De entrañables ofrendas,
Al ángel humanado,
Estás haciendo,
Y prescindiendo
Del pundonor
¡O atroz horror!
Ya te aparatas
Y allá dilatas
El plazo ansiado,
Para traerlo,
Con mil ardides
Y horrendas lides
Siempre atrasado
Y al fin hollado
Desvanecerlo;
Empedernida
En tu delirio,
Te das martirio,
Sin ver la Europa
Que, enfurecida,
Arde y galopa
Al escarmiento
Del viI intento,
Del atentado
Desenfrenado,
Infernal,
Sin igual…
Mas no, que sola
Nuestra española,
Fiel hidalguía,
En armonía,
Corre inflamada,
Y a su justicia
La atroz malicia
Yace en la nada…
Y todo es gozo,
Todo alborozo.
Suenan albricias,
Con mil delicias,
El Tiempo llega
Que soberano
De la soñada
Y desalmada
Fuerza prescinde,
Y con su mano
El mando entrega,
Y el cetro rinde
A la jurada
REINA y señora
Que, entusiasmada,
De confín a confín la España adora.
Aprovecho para responder aquí a doña …, que me ha dado datos sobre lo que le acontece al caballo de Espartero.
Un secreto ente usted y yo: He oído decir entre los caballeros de la corte que el máximo tamaño para unos cojones, es el que tiene el caballo de Espartero, que no puede superarse, porque entonces indica “torpeza o vagancia” (le cuelgan, se los pisa, se sienta sobre ellos, e incluso necesita una carretilla para llevarlos).
Estoy muy orgullosa de ser la reina del país de los mejores piropos. Pasaba yo en carroza, allí, frente al Palacio Real, cuando un caballero me dice :
“Churri tienes unos huevines como el caballo de Espartero”.
Se entiende que lo decía por mi forma de gobernar; pero yo tras ofrecerle una gran sonrisa, tomé nota en mi mente, para decírselo a mi Chema (José María Arana). Creo que el día que se lo espeté, concebí a mi Araneja.
Salud.
P.D. Prometo dar contestación a doña … y doña … más adelante.
Sakkarah en el papel de Isabel II
Los cojones del caballo de Espartero.
Doña …, un reino es un reino, a pesar de los enemigos que haya. No se queje de tener una reina liberal.
Yo tuve mucha falta de afectividad materna, y mi instrucción para gobernar después, no fue buena. Mi madre prefería estar con su nueva familia desde que se casó con el duque de Riansares. Ella sólo me manipulaba. «¿Qué había de hacer yo, jovencilla, reina a los catorce años, sin ningún freno a mi voluntad, con todo el dinero a mano para mis antojos y para darme el gusto de favorecer a los necesitados, no viendo al lado mío más que personas que se doblaban como cañas, ni oyendo más que voces de adulación que me aturdían ¿Qué había de hacer yo?… Póngase en mi caso…»
Como usted bien sabe, Espartero se ocupó de mis cosas durante mi niñez. Él es de Ciudad Real, pero se fue a enamorar en Logroño, de doña Jacinta. La familia de esta, no quería cualquier cosa para su hija, y Espartero era un forastero sin posición. El amor, cuando es verdadero, salta todos los obstáculos, por eso él emigró a Perú para alcanzar una posición.
Dicen que hay que tener amigos hasta en el infierno, y así es. Espartero se hizo amigo del marqués de Murrieta, en Perú, y de esa manera logró hacerse todo un personaje, para poder casarse con su Jacinta.
La boda fue por todo lo alto. Desfiló toda la comitiva sobre una alfombra roja que iba desde la casa de la novia “Reja Dorada”, hasta la Concatedral. Quizá lo de los cojones del caballo, pudiera venir de que él la rondaba montado en el. O que al escultor se le fuera la mano al modelarlos.
Le dejo aquí una canción de sus tiempos.
Salud.
Sakkarah en el papel de Isabel II
Por algunos caracteres de mi esquina constitución
Me admiran las mujeres más incluso que ha mi señor
Me dice… Espartero… que me ponga un braguero
Y yo le… contesto… que mis arrestos no son fiestas de guardar…
Y entre los coches yo cabalgo de verdad
Por la teoría de la relatividad
Como sugiere ese cantar tan popular
Voy recorriendo con mis nardos
la calle de Alcalá…
Y si ser caballo fue el gran fallo de mi vida real
Es cosa guapa en esta nueva etapa monumental
Son buenas… las vistas… no hay que matar carlistas…
Y a algunas… turistas… se les va el ojo al patrimonio nacional…
Soy el caballo de Espartero, ¡mírame!
Que no es mejor lucero aquel que más se ve
Y como siga distrayendo personal
Me paso un día por las piedras
la Puerta de Alcalá…
Y entre los coches yo cabalgo de verdad
Por la teoría de la relatividad
Como sugiere ese cantar tan popular
Voy recorriendo con mis nardos
la calle de Alcalá…
La la la la la…
Mecano
Tratamiento y limosnas.
Doña …
El tratamiento que se me debe, es el de majestad. Si le añade usted, “graciosa majestad”, mejor que mejor. Yo he tenido la delicadeza, de que le den el mismo tratamiento a mi marido Francisco, en vez de que le llamen su alteza real por ser príncipe. Tanto como me critican, y lo magnánima que soy.
El besamanos sólo es para los hombres. Es todo un arte saber tender la mano con delicadeza, ligeramente blanda; no como el que va a dar una bofetada. La sonrisa debe ser discreta, para corresponder. Se nota cuando el beso te lo da un hombre mundano, o un novato. Soy experta en ello, e intuyo cuando dará lugar a un beso más elaborado.
Ustedes, las mujeres me deben hacer una reverencia.
Está bien que a mi corte se le llame la “corte de los milagros”, pero no que usted aproveche y piense que en ella se fabrican ordenadores. Soy una mujer limosnera, y no me falta la mantilla; pero no soy tan analfabeta como dicen, pues aún sé que usted me habla de un artilugio muy sofisticado que utilizan para mentir.
En vez de una limosna, acepte de mí un buen consejo: Mi confesor, Antonio María Claret, siempre decía que los libros son la mejor limosna. Deje ese artilugio de mentiras, y lea, que yo la proporcionaré unos cuantos libros.
Para terminar, quiero dejar constancia de que lo que digo es cierto, dejo un soneto que me hizo Cervantes y que alude a mi bondad.
Salud.
Sakkarah en el papel de Isabel II
Serenísima reina, en quien se halla
lo que Dios pudo dar a un ser humano;
amparo universal del ser cristiano,
de quien la santa fama nunca calla;
arma feliz, de cuya fina malla
se viste el gran Felipe soberano,
ínclito rey del ancho suelo hispano
a quien Fortuna y Mundo se avasalla:
¿cuál ingenio podría aventurarse
a pregonar el bien que estás mostrando,
si ya en divino viese convertirse?
Que, en ser mortal, habrá de acobardarse,
y así le va mejor sentir callando
aquello que es difícil de decirse.
Miguel de Cervantes Saavedra
Sobre mi lujuria.
Doña —–, usted me habla de lujuria, y le cuento al respecto:
Se ha hablado mucho de mi amplia libido, pero si me casaron con un hombre homosexual, es lógico que yo me buscara a Enrique de Ruiz PuigMoltó para engendrar a mi Alfonso XII. Después surgieron más amantes, pero algún descuido lo tiene cualquiera.
Prefiero ser como soy, a no dejarme dominar por mi marido. Me quedó mal sabor de boca al escuchar lo que hizo mi padre con una de sus mujeres. Era tal su deseo de un heredero que la hizo abrir en vivo la tripa para sacarle el hijo. Murió desangrada y el dolor debió ser terrible. Para colmo era una mujer lo que tuvo, y nació muerta. El destino estaba de mi parte para reinar.
Yo no me quería casar con Francisco, y de hecho, me puse en huelga de hambre. La noche de mi boda me quedé asombrada al verle su camisón. Me gano la partida en encajes y bordados, con que imagínense el resto.
Dicen que yo, ya desde los 12, provocaba y embaucaba a los hombres, pero el premio, me lo llevé al casarme. Me separé enseguida. Mala suerte la mía, pues a otro que me tenía mi madre preparado con anterioridad, al ver su foto, lo rechacé por bizco. Seguramente en sus funciones nocturnas me hubiera dado mejor resultado.
No perdonaré yo a los Bécquer lo que sobre mí decían. Tal como:
Por probar de todo…de tirarse un pollino encontró modo
Y por airear mi romance con Carlos Marfori, y acusarme de estar liada con mi queridísimo y santo padre Claret. Del pobre Francisco decían:
El Rey Consorte, primer pajillero de la Corte.
No me quiero alargar más.
Hágale llegar a Doña —–, que tendrá mi respuesta.
Salud.
Preámbulo
Triste destino el mío. He sido tan precoz en todo…La corona ceñía mi cabeza con tres años. No entendía aún su significado, pero me sentía importante; y con 13 ordenaba ya la vida del resto. Todo tiene su lado oscuro, la cara menos agraciada. Casarme contra mi voluntad, y tenerme que separar, aunque eso hoy está a la orden del día, (la separación, que no la obligación).
Soy un símbolo de la libertad, aunque más llenita que la estatua que le hicieron en el río Hudson; pero ya se encargaron algunos de llamarme frívola, lujuriosa y cruel. Qué les voy a contar de insultos hacia la persona, de los que ustedes saben tanto.
Esto sólo es el preámbulo, de mi anacronismo entre ustedes.
Salud.
Sakkarah en el papel de Isabel II
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